
Pero buscando la historia en el dédalo de valles y montañas del Tíbet oriental, Messner se pierde, dándose de bruces con la leyenda: "Por fin encontré huellas humanas y el camino que durante tanto tiempo había buscado. Lo seguí sin pensarlo dos veces. Impulsado por esta determinación y pisando ahora terreno seguro subí hacia Chagu, que me imaginaba que sería el próximo pueblo. Ascender era ahora un verdadero placer, que aumentaba cada vez que aspiraba el aire y, al expulsarlo, producía una erupción sonora y profunda. Y entonces algo grande y oscuro, silencioso como un fantasma, se metió en un hueco que había entre la maleza de rododendros, detrás de la cual, a unos 30 pasos, se perdía la escalera... Me quedé parado. Con la respiración contenida seguía a aquella masa oscura que desbarraba tras una cortina de hojas y ramajes. ¿Qué significaba esa agitación entre las ramas y el monte bajo? ¿Quién o qué trotaba por ese bosque, solo y al amparo del oscurecer? ¿O sería que ese bulto movedizo se estaba burlando de mí, apareciendo y desapareciendo, volviendo a asomar y sumergiéndose de nuevo en la negrura detrás de los troncos? Cuando salió otra vez al claro por un breve instante, resultó ser una figura gigantesca con dos piernas, como si mi propia sombra se hubiera proyectado sobre la espesura que había a unos
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